Optimismo, pesimismo y realismo

Recientemente, una colega de profesión, la traductora audiovisual y artista visual Alba Calvo Porrúa, publicó en su blog una interesante entrada sobre la situación laboral en España, los miedos del traductor tras terminar los estudios y las posibilidades de trabajar como traductor en plantilla o como autónomo.

Si bien la situación laboral en general -no solo en España- no es nada halagüeña, y al margen de mis preferencias y puntos de vistas al respecto, considero que vale la pena tratar de buscar aquellos aspectos positivos de los que podemos beneficiarnos los traductores a la hora de buscar trabaja y dedicarnos a nuestra profesión.

Lo que pretendo mostrar no es en absoluto inédito ni tampoco supone el descubrimiento de la pólvora; sin embargo, ante la avalancha de comentarios pesimistas que solo animan a hacer las maletas y emigrar a otro universo, me parece que es conveniente que tengamos presente que, en comparación con otros sectores, tenemos ciertas ventajas que podemos y debemos aprovechar. Solo pretendo mencionar tres puntos, si bien conozco muchas más razones para concebir un panorama no tan sombrío:

  1. La inversión inicial es irrisoria en comparación con la mayoría de profesiones: un ordenador, una línea de teléfono, conexión a Internet, impresora, el software necesario -lo hay gratuito y libre- y poco más.
  1. No es necesario disponer de una oficina abierta al público en la avenida más importante o concurrida de la ciudad. Internet y las distintas aplicaciones de comunicación nos permiten tener oficina en todos los países del mundo y junto al despacho de cada uno de nuestros clientes.
  1. Por último, la razón que, a mi juicio, es la más importante. La educación y el entretenimiento son, desde mi punto de vista, dos de los yacimientos de empleo más importantes que hay en la actualidad. Dicho lo cual, creo que nos conviene tener en cuenta que los mercados no son más que entes que, para funcionar e interactuar, necesitan comunicarse. Así pues, la traducción es, o debiera ser, una actividad esencial, máxime en un mundo globalizado e interconectado.

Quienes han tenido la paciencia de ver el vídeo que publiqué en la entrada anterior sabrán que hubo un momento en el que dejé de hacer caso a los comentarios optimistas y pesimistas -que de todo había. Sabía que quería dedicarme a la traducción y la interpretación y observé que otros podían. Dejé de escuchar a quienes decían que mi currículo era maravilloso y que todo el mundo querría contratarme y también dejé de hacer caso a quienes se defendían que es imposible trabajar de traductor, que el mercado estaba lleno de no licenciados que nos quitan el trabajo a los demás; incluso dejé de creer en lo que me habían dicho en la universidad, donde únicamente mencionaban la posibilidad de ser asalariado -y solo se hablaba de la traducción literaria- o de ser funcionario.

Cuando supe y pude desembarazarme de este tipo de opiniones, me di cuenta de que siempre habrá quien plantee situaciones llenas de tinieblas y también quien solo conciba paraísos. Por ello, para terminar, quiero reproducir una frase del escritor británico William George Ward; la considero muy apropiada para este momento, máxime ahora que estoy practicando windsurf: “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.”

Abrazos desde Canarias.

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12 comentarios en “Optimismo, pesimismo y realismo

  1. ¡Me encantó el artículo! La verdad es que eso de toparme con gente pesimista me pasaba también mientras estaba estudiando. La gente que estaba más avanzada pintaba algunas materias de “superimposibles” cuando no era así. En el ámbito laboral pasa lo mismo, pero considero que esas personas que no tienen trabajo no saben buscarlo. Me dijeron muchas veces que si estudiaba traducción iba a terminar dando clases (algo que odio) , pero me recibí el año pasado y estoy muy conforme con mi trabajo de traducción.

    • Hola Ana:

      Me alegro de que te haya gustado. Es cierto que hay mucho pesimismo en segn qu sectores. Adems, ser pesimista en ocasiones es la excusa perfecta para la inaccin. Tambin, el miedo al fracaso es tambin un elemento importante que frena muchas iniciativas interesantes.

      Me alegro de que hayas conseguido licenciarte (recibirte) y hayas conseguido dedicarte a lo que deseabas. Te felicito por ello.

      Un abrazo y gracias por tu comentario.

    • Gracias, Elizabeth:

      Lo de la inversin inicial es clave. Recuerdo que, en su momento, hice clculos para saber cunto me costara iniciarme como autnomo. Le ense los datos a un conocido y ech una carcajada que no olvidar. Su respuesta: “Si eso es lo que necesita para empezar, me ofrezco a pagarlo de mi bolsillo siempre y cuando me des un 10 % de tus beneficios.”

      Sobre lo del colegio me gustara que abriramos un debate. Sinceramente, no termino de tener una opinin formada e informada al respecto. A ver si me ayudan.

      Abrazos.

  2. Yo soy realista, tengo días pesimistas como cualquier hijo de vecino y en el fondo soy una optimista, porque tengo mucha suerte, trabajo en lo que me apasiona.
    No vivimos en una época de oportunidades fáciles y comprendo que ver las noticias no anima a nadie pero hace ya diez años que empecé a trabajar como traductora (y luego intérprete) porque sabía que esto era lo que me gustaba. Me fije un plazo de dos años para ver si podía avanzar. Fue complicado al principio y eso que era en plena bonanza económica y todos me decían que lo dejase y me hiciera funcionaria o que me fuera al extranjero porque en España no te van a pagar lo que se paga en otros países. Cada vez que me caía me repetían que me hiciera profesora de inglés o de español en Estados Unidos. Ahora estamos en crisis y te recomiendan lo mismo.
    Mi hermano se ha ido a vivir a otro país porque le ofrecieron un buen trabajo pero yo tengo la suerte de poder trabajar con clientes de ese mismo país donde vive mi hermano desde mi casa en Madrid. En interpretación no es tan fácil pero por ahora no me quejo, no soy rica pero puedo vivir (y me ha costado conseguirlo).

    • Hola Aida:

      Gracias por tu comentario. Quisiera aclarar que, con pesimismo, me refiero a la imagen en general que se nos ofrece en materia de empleo. Como tú bien dices, solo hace falta leer las portadas de los periódicos para que nos den el día. Soy de la opinión, y lo repito hasta la saciedad, de que el éxito es hacer lo que a uno le apasiona, con independencia de si se hace rico o simplemente tiene para vivir.

      Está claro que nada es fácil; o no hay trabajo o, si lo hay, la competencia es feroz. Por supuesto que los principios son duros; la inexperiencia, la falta de una buena cartera de clientes, el desconocimiento de cómo gestionar las crisis buenas y malas -mucho trabajo o nada de trabajo-, etc. son los obstáculos que se nos plantean a todos pero que, a la larga, nos hacen crecer y aprender más que cursando varias carreras.

      Lo de hacerse funcionario es un lugar común en España, donde se concibe como la panacea de cualquier mal laboral. En cambio, vistas como están las cosas en esta época, no sé yo si durará mucho esa situación ideal de ser funcionario. Siempre me acuerdo de aquello que decía Benedetti sobre su país, Uruguay. En una época, hubo tal cantidad de funcionarios en su país que este gran poeta llegó a afirmar que “Uruguay era la única oficina del mundo con condición de república”. En mi caso particular, jamás he visto un solo puesto de funcionario que me haya llamado la atención como para querer dedicarme a ello de por vida. Es más, tengo amigos que dedicaron mucho tiempo de su juventud a preparar oposiciones y, tras conseguirlo, cobrar mensualmente un buen sueldo y disponer de mucho tiempo libre, se han dado cuenta de que están haciendo algo que no les apetece lo más mínimo y, por si fuera poco, van cada día a trabajar deseando que se haga la hora de volver a casa. Yo no quiero eso.

      Por último, está claro que los tres puntos que he mencionado son específicos para traductores pero no valen para intérpretes. Para ser intérprete, o se vive en una ciudad en la que haya numerosos eventos en los que interpretar o se tiene que estar dispuesto a viajar mucho, con todo lo que ello supone. Está claro que nada es fácil y que hay que luchar todos los días. Eso sí, los que lo hacen con pasión y dedicación podrán aguantar el envite mejor que aquellos que lo hacen porque no les queda otro remedio.

      Abrazos.

  3. Añado una opción más, la meliorista:
    “The optimist says: Do nothing, because there is nothing to do. The pessimist says: Do nothing, because nothing can be done. The meliorist says: Do something, because there is much to do and it can be done.” (Ward, 1898, p. 17)

    Me encanta traducir, pero después de 10 años en la profesión, lo he dejado. De momento. Por diversos motivos. Y para perseguir otros sueños que siempre tuve. No es un sector fácil. Y para mí, desgraciadamente y a estas alturas aún, siendo tan necesaria como es, como bien dices, la comunicación, nuestra profesión está muy infravalorada. Esperemos que un día se le llegue a dar la importancia que tiene 🙂

  4. Hola Almu:

    Me gusta que hayas elegido el mismo autor que yo para mostrarnos esa máxima.

    Recuerdo una discusión mantenida años atrás con unos compañeros sobre la capacidad de reinventarse a uno mismo. Me parece muy interesante tu comentario por todos sus matices. Te encanta traducir pero quieres perseguir otros sueños que siempre has tenido. Lo importante es que has descubierto que se puede traducir profesionalmente y que, todo lo que hayas aprendido durante este período, lo podrás aplicar a conseguir esos otros sueños.

    Debo decir que he conocido a gente que, a pesar de tener mucha suerte en el mundo de la traducción y de la interpretación, un día se dieron cuenta de que no era lo que más les gustaba hacer y lo dejaron. Recientemente, participé en una charla en una facultad de traducción e interpretación y, cuando pregunté quienes querían ser traductores, muchos alumnos levantaron la mano. Cuando pregunté cuántos querían pasarse entre seis y siete horas diarias trabajando delante del ordenador, apenas tres personas levantaron la mano.

    Por último, que la comunicación está infravalorada es algo que me planteo todos los días. Además de traducir e interpretar, una compañera y yo estamos ofreciendo servicios de redacción profesional. Hemos empezado hace poco pero se nos ocurrió a raíz de compaginar la traducción durante un período de mi vida con un trabajo de responsable de comunicación y, además, después de ver qué muchos de los textos que nos pedían traducir o localizar tenían un enorme margen de mejora. Tras proponérselo a varias empresas, algunas lo aceptaron y, para nuestra sorpresa, muchas se dieron cuenta de que no sabían expresar con palabras lo que hacían, lo que querían o lo que ofrecían. Mi compañera y yo creemos que, si poco a poco vamos sembrando esta semillita, los resultados se irán viendo paulatinamente.

    Un abrazo.

  5. ¡Hola!

    Una se pasa todo el sábado ausente y mira con lo que me encuentro. Nada más y nada menos que una referencia hacia mi persona en tu blog. 😉 ¡Muchísimas gracias por acordarte de mí en esta entrada tan interesante! Comparto totalmente la visión que tenéis tú y Ward de la vida. No hay mayor razón. De hecho, yo no pienso desistir en mi sueño de dedicarme a la traducción. Tengo todo lo que necesito para conseguirlo y la suerte me la voy a buscar. Que no decaiga. 😉 Estamos en contacto.

    P.S. Me parece una idea genial la de los servicios de redacción profesional.

    Un fuerte abrazo desde Cádiz (ya tú sabeh).

  6. Hola Alba:

    Tu última entrada me dio pie a escribir esta pequeña reflexión. Recientemente, un importante consultor al que he tenido la suerte de conocer me contaba que muchos de sus clientes basan su estrategia empresarial en rumores y percepciones basadas en opiniones. Me contaba el caso de gente que tenía un buen producto para lanzar pero paraba su desarrollo porque algunos clientes o competidores decían: “Ahora mismo, en medio de la crisis, eso será un fracaso.” Según este consultor, hay que buscar información, en cierto modo, científica. Simplemente he pretendido mostrar tres razones por las que, frente a otros sectores y profesionales, tenemos menos que perder en el caso de arriesgarnos.

    Con respecto al servicio de redacción profesional, debo decir que llevo tiempo haciendo cursos -muy básicos- sobre marketing y sobre redacción profesional o copywriting. También estoy leyendo todo lo que puedo y más al respecto y, por si fuera poco, tuve la suerte de compaginar durante un año la traducción con la comunicación. Durante ese período, trabajé codo con codo con una magnífica empresa de publicidad y aprendí también mucho. A partir de ahí y por los motivos que he explicado antes, tuvimos el valor de ofrecer este servicio a algunos clientes y ha funcionado. Otros, también hay que decirlo, se lo tomaron como una ofensa en un principio. Sea como sea, poco a poco, es un servicio más que vamos prestando y, de hecho, recientemente hemos redactado el catálogo de uno de los hoteles más importantes de Canarias. Ese es un gran paso para nosotros. Pequeño pero considerable.

    Por último, gracias por el comentario. Espero sigamos en contacto y podamos compartir juntos nuestros progresos.

  7. El otro día escuché en la tele que, a pesar del “panorama actual” (parece ya una expresión hecha), muchos jóvenes seguimos decidiendo estudiar lo que nos gusta (o creemos que nos gusta) y dejamos el tema de las salidas a un lado. Me pareció curioso que hicieran noticia de ello, como si la situación del mercado laboral español fuera a cambiar el rumbo de nuestras vidas hasta el punto de estudiar fontanería en lugar de ingeniería aeronáutica porque “tiene más salidas”.

    Este es, por tanto, otro pensamiento positivo. Cuando uno está en el instituto, apenas recibe información sobre las diferentes carreras, y traducción no es precisamente de las que más se “vende” (a diferencia de derecho o informática). Aun así, los alumnos se informan por su cuenta y cada año, se siguen llenando las aulas de las facultades de traducción.

    ¿Que de todos los que entran tan sólo algunos están realmente interesados? También es cierto, pero aun así, me parece muy interesante que una carrera prácticamente desconocida, siga siendo atractiva y, por tanto, la profesión siga regenerándose y aumentando cada año 🙂

  8. Hola Mercedes:

    Gracias por tu comentario. Con respecto a lo de “panorama actual” y “tiempos de crisis”, hasta cierto punto me molesta que sea la expresión perfecta para justificarlo absolutamente todo. Recuerdo que en los 90 -y solo tengo 31 años- aquello de “es que estamos en crisis…”.

    Con respecto a la noticia que comentas, no sé en qué tono habrán presentado la noticia pero sí que he leído algún artículo en algún que otro periódico donde señores supuestamente muy inteligentes critican que los jóvenes estudien carreras “con pocas salidas” en esta época de crisis. Desde mi punto de vista es una falacia mayúscula. Primero, es como si se quisiera cargar la culpa del paro a los parados por dedicarse a labores con pocos empleos disponibles. Segundo, si es cierto que hay carreras que tienen pocas salidas profesionales, no entiendo por qué siguen impartiéndose en las universidades o en ciclos formativos de formación profesional. Es más, ¿cuántas salidas tienen carreras como derecho? Las universidades privadas no dejan de ofrecerla. Por lo tanto, está bien que las universidades hagan dinero con esas carreras pero no que la gente las estudie “porque no tienen salidas profesionales”. Y tercero, considero que lo de las salidas profesionales me parece hasta peligroso desde un punto de vista social. Hace apenas cinco años, la construcción tenía muchas salidas. Y aquí estamos. Lo mismo ocurría con el sector de las energías renovables y, en mes y medio, el nuevo ministro de industria -de mi tierra, para más inri- se ha cargado de un plumazo las perpectivas de este tipo de energías, no solo positivas para el medio ambiente sino para también un sector empresarial y laboral sostenible. Y, si la fontanería, por ejemplo, tiene tantas salidas, ¿por qué no se imparte en universidades privadas?

    Con respecto a las facultades de traducción, en Canarias, donde el turismo es muy importante, muchos alumnos optan por esta carrera porque consideran que pueden tener salidas en el sector turístico. De hecho, así es. Además, aprenden los idiomas mejor que en la titulación de turismo, donde únicamente se habla de servir y de gestionar.

    Como ves, da para hablar mucho. Por mi parte, para mí el término “vocación” es fundamental. Es un concepto muy zen y sé que soy muy cansino con ello pero creo que hay que evangelizar al respecto. Creo que cada uno debe dedicarse a lo que verdaderamente le apasione: si algo apasiona, se pondrán ganas y se podrá sortear más fácilmente cualquier obstáculo que se presente. Eso sí, hay que trabajar y luchar mucho y no tirar nunca la toalla.

    Muchas gracias por todo y seguimos en contacto.

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