Reseña: Diccionario de atentados contra el idioma español

Esta misma semana, mantuve una conversación con un profesor sobre el concepto de motivación en las clases. Según me decía, muchos de sus alumnos se quejan de que los profesores no les motivan lo suficiente en clase. Él, sin embargo, considera que los alumnos deben venir motivados de casa, pues la enseñanza universitaria no supone una obligación para el alumnado, sino una decisión que, a priori, es consciente y libre.

En la misma conversación, surgió la cuestión relacionada con el uso de la lengua. Este profesor, cuya materia nada tiene que ver con las letras, se quejaba amargamente de la redacción de los trabajos que sus alumnos les presentan y también del uso de numerosos símbolos y abreviaturas que le resultan totalmente incomprensibles e impropios de la lengua. “La culpa es de la tecnología, de los móviles y de los chats”, me decía. También me denunciaba la gran cantidad de faltas de ortografía que observaba y, además, señalaba algo curioso: “Cuando ven que otro alumno comete una falta de ortografía, se burlan abiertamente. Sin embargo, son incapaces de darse cuenta de sus propios errores, en ocasiones más graves que aquellos de los que hacen mofa.”

A propósito de estas dos cuestiones, motivación y faltas de ortografía, me vino a la mente un libro con el que me divertí y me divierto a menudo, al tiempo que repaso ciertas expresiones incorrectas de la lengua española. Por eso, quería dar a conocer este documento insólito que podría lograr en parte del alumnado motivación y diversión a la hora de aprender sobre el buen uso de la lengua.

La obra en cuestión lleva por título “Diccionario de atentados contra el idioma español”, de Juan Aroca Sanz y publicado por la editorial Rescate, una firma que cuenta con libros sumamente curiosos y entretenidos.

En sus quinientas páginas, este diccionario recopila expresiones, términos y locuciones incorrectos que podemos escuchar a diario. Hasta aquí, podría parece que no es más que una versión o burda imitación de, por ejemplo, “El dardo en la palabra”. Pues no. En absoluto. El “Diccionario de atentados contra el idioma español” no solo recoge las incorrecciones y la manera correcta de expresarse, sino que además lo hace con humor, ironía y, en ocasiones, sarcasmo. Por este motivo, uno logra aprender al tiempo que esboza más de una sonrisa o incluso disfruta de alguna que otra carcajada.

Es probable que se hayan dado cuenta del llamativo término que aparece en el título: “atentados”. La elección no es aleatoria, sino que el autor se vale de este término para establecer, al inicio del libro, una serie de penas o condenas con las que sancionar el uso incorrecto del lenguaje. Así pues, según sea la metedura de pata del hablante o escribiente, Aroca Sanz propone distintas condenas en función de la gravedad: admonición o tarjeta –como en el fútbol-, arresto domiciliario, multa, campo de reeducación, jardín de infancia, calabozo, cárcel, cadena perpetua, hoguera e incluso horca.

Este libro, que será de gran utilidad para cualquier traductor, muestra gran cantidad de extranjerismos que vemos a diario en el español. Para la gran mayoría, el autor propone pena de cárcel, cuando no de horca.

Por último, debo decir que el ejemplar que tengo en mis manos, una edición ampliada y corregida de 2007, contó con la colaboración de algún colega de profesión, como el traductor e intérprete jurado Raúl García Pérez.

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16 comentarios en “Reseña: Diccionario de atentados contra el idioma español

  1. Muy buena recomendación, Tenesor. Ahora quiero que forme parte de mi colección. Está claro que los traductores también fomentamos el consumismo 🙂

    Un abrazo fuerte,

    Patricia

  2. Hola Patricia:

    La cultura no creo que suponga consumismo. En cambio, sí que ocupa lugar. Te lo digo yo, que no sé a veces dónde colocar mis nuevas adquisiciones literarias.
    Gracias por el comentario y otro abrazo para ti.

    • Ya sabes por qué te recomiendo tanto el Kindle;-)
      Muy buena entrada. Gracias por la sugerencia. A ver si lo encuentro en formato digital.
      Un abrazo de tu colega

      • Gracias por tu comentario, Bibi.

        Me temo que este lo vas a tener un poco difícil para encontrarlo en formato electrónico. Y con respecto al Kindle, todo se andará. Sabes que con ciertas tecnologías tengo que convencerme primero. Y también sabes cuánto me gusta el tacto y olor de los libros. Además de lector empedernido, me considero también un bibliómano empedernido.

        Estamos en contacto, socia.
        Abrazos.

      • Me temo que estoy desvirtuando un poco la entrada. Lo siento.
        Una cosa no quita a la otra. También soy amante de los libros en papel. Pero a veces, la funcionalidad prima. Y cuando viajas mucho o necesitas poder tener a mano varias manuales o libros para su consulta rápida, los lectores de libros electrónicos son lo más. Ayer mismo iba en el metro de Madrid y cada 3 lector llevaba un lector de libros electrónicos. Me quedé realmente alucinada…
        Un abrazo, Fabienne

  3. Vaya, Pablo, qué curiosa entrada la que me envías.

    Opiniones las hay para todos los gustos. De hecho, no siempre estoy de acuerdo con las normas de la RAE y, en ocasiones, algunas de las incorrecciones que menciona el autor de este diccionario me resultan un poco exageradas. Sin embargo, las justifica y eso siempre es interesante.

    Ahora bien, los comentarios tan rotundos y ofensivos de la entrada que me has indicado me resultan totalmente fuera de lugar. Estoy de acuerdo contigo. Que con su pan se lo coman, por no utilizar el mismo lenguaje que el autor de dicha reseña.

    Un abrazo y gracias por tu comentario.

  4. Hola, Tenesor. Muy interesante el libro. Gracias por compartirlo con esta entrada.
    Oye, no conocía/no me acordaba de tu blog, así que, me he «apuntado» ya a la lista de gente a la que avisarán cuando tengas una entrada nueva. 🙂

  5. Hola Curri:

    Gracias por suscribirte y por tus comentarios. Como habrás podido leer arriba, este libro resulta curioso por la forma en la que está organizado y planteado. A mí me resulta muy enriquecedor y, aunque hay gente a la que le parece mal, es curioso ver cómo el autor califica las incorrecciones y dicta una sentencia en función de su gravedad.

    Espero no defraudarte con las próximas entradas.
    Abrazos.

    • Es que, por lo general, a la gente no le gusta que le critiquen. Y a muchos le da aún más rabia que se haga con humor. Porque muchos tienen lo del «pos yo lo he dicho así de toa la vida», pero no se paran a pensar que, a lo mejor, «toa la vida» lo han dicho mal. Por supuesto que la lengua la hace el hablante y el uso, pero al igual que no hay bien sin mal, no habría lengua incorrecta si diésemos todo por correcto, porque entonces se convertiría en lengua correcta, que no podría ser correcta porque el contrario (lengua incorrecta) no existiría, y así hasta el infinito y más allá 🙂

      Total, que no me importaría echarle un ojo al libro algún día. A ver si lo añado a la lista de «libros para comprar cuando esté en España».

      • Hola Curri:

        Estoy de acuerdo contigo. Ahora bien, una parte de tu discurso me recordó a Groucho con “la parte contratante de la primera parte…”

        A mí, al igual que a muchos, me ha ocurrido eso de corregir un texto traducido por una tercera persona y que venga el traductor ofendido y te pida explicaciones. Cuando le he remitido a la norma de la RAE en la que se explicaba el motivo del error y la corrección, he recibido como respuesta: “Ah, bueno, si te fías de la RAE, sí…”

        Es como si te parase la guardia civil de tráfico por conducir por encima de las aceras y uno les replicara: “Hombre, señor agente, no se ponga usted así; si usted se deja llevar por el código de circulación, claro que es incorrecto; pero tampoco es algo tan grave.”

        Y con respecto a tu reflexión, no quiero imaginarme cómo sería nuestro trabajo y mucho menos nuestra vida y nuestra comunicación en general si nos permitiéramos hablar de cualquier manera. Eso sí que sería Babel.

        Gracias.

      • Es como lo del huevo y la gallina o el día y la noche. El uno no puede existir sin el otro. Y sí, sería una buena Torre de Babel y seguramente no llegaríamos a entendernos.

        Un placer leer tu blog.

  6. ¡Qué buena entrada! Conocía “El dardo en la palabra”, pero no este. Tiene muy buena pinta. En cuanto pueda, me hago con él. ¡Gracias!

    Un abrazo. 🙂

    • Hola Alba:

      A mí este libro me resulta muchísimo más entretenido -ni punto de comparación- que “El dardo en la palabra”. Hay muchos y muy buenos libros. Si traduces del inglés, también te recomiendo el “Diccionario de dificultades del inglés”, cuya reseña publiqué unas entradas atrás. Otra joyita.

      Gracias por el comentario y por pasarte por casa.

      Abrazos.

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