Ponentes de pago: la nueva mercadotecnia

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Hace varios días, el encargado de la organización de un congreso universitario sobre traducción me escribía para invitarme a participar en el evento. En su mensaje, me indicaba el plazo del que disponía para presentar una propuesta. La invitación era directa —con nombre y apellidos— y, por lo que podía deducirse, los responsables del evento conocían mi trabajo, a pesar de que no acostumbro a participar como ponente en este tipo de acontecimientos. Por ello, debo reconocer que la mera invitación me resultó halagadora.

Si bien no tenía pensado acudir ni presentar propuesta alguna para dicho evento, lo comenté con varias personas cercanas y fue una colega quien me animó a participar y a presentar mi propuesta. No solo me animaba, sino que también se ofrecía a ayudarme en todo lo que fuera necesario. En resumidas cuentas: me convenció. Tras empezar a investigar de qué trataba el evento y los contenidos de las ediciones anteriores, llegamos, casi por casualidad, al apartado de cuotas. La sorpresa fue mayúscula: los ponentes debían pagar. Y ahí no acaba todo: debían pagar el doble de lo que pagarían los asistentes.

Además de decidir de inmediato no participar —supondría costearme billetes de avión, alojamiento, desplazamientos, comidas y la nada barata cuota de inscripción como ponente—, creí oportuno escribir a la organización para comunicarles mi asombro. En mi -quizás ingenua- lógica y experiencia, los invitados a presentar ponencias o comunicaciones en un evento cobran por su trabajo o, como mínimo, participan de forma gratuita, además de recibir ciertas atenciones por colaborar. En los eventos en que he participado como ponente he cobrado o he participado de forma gratuita a cambio de atenciones como almuerzos, material didáctico, etcétera. Por ello, no le encontraba ningún sentido al hecho de pagar por enseñar lo mucho o poco que uno sabe. ¿Me escribían movidos por el interés en mi trabajo o por el interés en mi bolsillo?

Tras escribir a la organización, recibí una respuesta casi inmediata que me dejó aún más sorprendido:

«El hecho de que los ponentes paguen una cuota superior tiene que ver con que tienen derecho a publicar actas. Por ello, estamos valorando la opción de que aquellos ponentes que no deseen publicar paguen la misma cuota que la de asistentes, que ya tiene en cuenta una serie de gastos, como verás en la web y permite también conocer las experiencias del resto de ponentes. Se me ocurre que también existen otras opciones que podrían complementarse para aquellos que venís del mundo de los negocios, como incluir la empresa del ponente (la tuya, en tu caso) en la web del congreso como patrocinadora (todavía no está hecha esa web), hacer algún tipo de promoción o publicidad de tu empresa en alguna mesa del congreso, que alguna asociación a la que pertenece el traductor-ponente participe igualmente como patrocinadora, etc. ¿Cómo ves todo esto?»

Tras leer la respuesta, uno puede llegar fácilmente a la conclusión de que la intención didáctica y divulgativa no parece ser la más importante. No me cabe duda de que los organizadores tendrán que asumir ciertos gastos. Sin embargo, a mi juicio, el evento está programado no para divulgar sino, en el caso de los ponentes, para promocionarse y publicar previo pago y, en el caso de los organizadores, para promocionar la universidad o facultad organizadora y, de paso, generar ingresos.

Si bien no critico la libertad de cada cual para ganar dinero de la manera que considere oportuna e incluso de pagar para participar como ponente en un evento, publicar o divulgar sus conocimientos, esta forma de proceder no me parece lógica en absoluto. Así pues, me permito expresar lo siguiente al respecto:

1. Considero que cualquier congreso que se precie debe contar con un comité organizador en el que sus miembros seleccionen o decidan qué propuestas resultan más interesantes o idóneas y, conforme a dichas decisiones, elaboren el programa del evento.

2. Que el único requisito para participar en un evento de divulgación sea el económico da una idea de la calidad del evento. Además, convierte el evento en una nueva forma de publicidad o propaganda. También constituiría, en parte, una estafa a los asistentes, pues lo que van a escuchar no serán necesariamente las mejores propuestas divulgativas.

3. La repentina idea de patrocinar el evento o de publicitar la empresa del ponente en la web o en las mesas redondas indica que la organización no tiene claro el objetivo del evento. Además, resulta absurdo, pues pocos de los asistentes a dicho evento divulgativo serían clientes potenciales del ponente. Más bien al contrario, los asistentes serían competidores potenciales del ponente.

4. Que esta práctica se esté generalizando no significa que sea lógica ni coherente. Pagar por enseñar convierte un supuesto evento divulgativo en un acontecimiento autopublicitario o de mercadotecnia. Me surgen preguntas: ¿Aceptan los ponentes? ¿Qué les lleva a aceptar?

5. Elaborar una ponencia o comunicación exige mucho trabajo: entre otras tareas, investigar lo presentado en ediciones anteriores para no repetir contenidos, redactar la propuesta en el plazo establecido, preparar la ponencia y finalmente presentarla. Son muchas horas de trabajo las que hay que dedicar a divulgar conocimientos propios. Así pues, ¿qué sentido tiene pagar después de tamaño esfuerzo?

Podría enumerar muchas otras ideas que me vienen a la mente. Prefiero que sean los lectores quienes expresen sus opiniones sobre lo absurdo o no de esta nueva práctica empresarial y pseudodivulgativa.

Por último, me gustaría señalar que no quiero culpar al remitente del mensaje. Entiendo que es solo el mero ejecutor de una práctica que le viene impuesta por sus superiores. Es por ello por lo que no he querido dar nombres de personas ni de instituciones. Es más, estoy convencido de que mi remitente suscribiría gran parte de este texto. En cambio, sí me ha parecido oportuno abrir este debate. Como ya he mencionado, me resulta absurdo, ilógico e incoherente «pagar para escuchar al que pagó para hablar».

Saludos desde Gran Canaria

(*Imagen usada bajo licencia Creative Commons: http://www.401kcalculator.org/)

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14 comentarios en “Ponentes de pago: la nueva mercadotecnia

  1. Hola, Tenesor:

    Muy interesante y oportuna esta entrada. Mi mujer, Ruth, recibió la misma invitación hace aproximadamente una semana. Se ve que se acaba el plazo para que los “ponentes de pago” presentes sus propuestas (que finaliza el 15 de septiembre) y no han convencido todavía a un número suficiente de ellos. Igual que a ti, también a nosotros nos sorprendió este sistema de pago por “ponenciar”. La cuota de inscripción del ponente es, además, el doble que la de los asistentes: ni más ni menos que 150 €. Cuando manifestamos al emisario nuestra sorpresa, nos contestó (muy amable y atento, por cierto) con una propuesta diferente: nos comentó que, si no estábamos interesados en publicar la ponencia, nos ofrecía presentarla con una cuota de inscripción “reducida” similar a la de los asistentes (75 €). Lógicamente, hemos declinado la oferta, dejando la puerta abierta a poder asistir si, al menos, se hacen cargo de los gastos de viaje y alojamiento. “Ponenciar” gratis vale, pero que no te cueste dinero por lo menos.

    Creo que esta forma de comercio universitario responde a la necesidad que tienen de publicar muchos académicos y profesores, pues su sistema de ascenso profesional exige que tengan X número de trabajos publicados, y tratan de aprovecharse de ello.

    En fin, es una práctica que, personalmente, me parece deleznable y que redunda en el desprestigio de la institución y en el empobrecimiento de la calidad de sus acciones.

    Gracias por sacarlo a la luz.

    Un fuerte abrazo,
    Fernando.

    • Hola, Fernando:

      Estoy absolutamente de acuerdo con lo que planteas. Entiendo que los investigadores deben publicar una cantidad de artículos al año para justificar o poder acceder a becas de investigación. Si lo hacen de esta manera, están fomentando un círculo vicioso que, por supuesto, no beneficia al sistema educativo ni a la calidad de los contenidos de estos eventos. Es más, muchas de estas becas proceden de dineros estatales que luego ¿se utilizan para financiar eventos de este tipo y publicar en actas o revistas especializadas?

      Probablemente soy un ingenuo pero no es así como concibo estos eventos divulgativos. Es más, a partir de ahora, me lo pensaré mucho antes de pagar mi cuota de asistente a cualquiera de estos congresos.

      Gracias por el comentario.
      Saludos.

      • Yo he acudido a un par de congresos por eso mismo: porque para acceder a becas de investigación tienes que haber expuesto o publicado. Sin embargo, siempre me ha parecido, como bien apuntas, un círculo vicioso que no promueve la investigación de calidad.

        Además, la justificación del precio con la publicación de actas ya no tiene mucho sentido, pues en las baremaciones para acceder a ayudas y plazas las actas cuentan cada vez menos, algunos ni las contemplan, precisamente por eso: porque las has comprado.

        Los congresos se han convertido en un negocio de precios desproporcionados, han perdido su razón de ser.

  2. Estimado Tenesor:

    Yo recibí la misma propuesta y quedé igualmente sorprendida, aunque debo decir que no es la primera vez que observo la existencia de esas cuotas en congresos. Por otra parte, nunca he participado como ponente en ningún congreso, por lo que sospecho (y siento desinflar tu orgullo profesional :)) que han utilizado una lista general de Asetrad o de otro tipo para dirigirse a nosotros.

    Un saludo,

    Marta

    • Hola, Marta:

      Somos varios los que nos hemos quedado sorprendidísimos con este tipo de propuestas, sobre todo si no nos dedicamos al mundo académico. Debo decir que he participado en varios eventos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y que o bien nos pagaban la charla —cantidades moderadas, eso sí— o bien nos invitaban a algún almuerzo generoso a todos los ponentes. Imagino que es el procedimiento habitual de esta institución. Por lo que hemos podido comprobar, no todas actúan de esta manera.

      Gracias por el comentario.
      Saludos.

  3. Me gusta que hayas publicado una entrada tan completa y bien explicada sobre un tema que personalmente también me sorprende. No ha sido mi caso pero sí sé de varios compañeros que han recibido invitaciones de este tipo de diferentes congresos con un planteamiento igual o muy similar y no le encuentro la lógica a que el ponente tenga que pagar y, en algunos casos pagar una suma muy considerable.
    El primer fallo es reducir la ponencia a una mera operación de marketing profesional. El público quiere información y debería también pedir calidad en las ponencias. Los congresos son una inversión que haces y yo miro bastante los programas (y las cuotas de inscripción) antes de decidirme. Si el programa me cuenta algo nuevo me apunto pero si un ponente le ha dedicado horas de trabajo a esa ponencia yo espero que cobre algo o, como bien dices, que al menos no tenga que pagar por su esfuerzo.

    • Hola Aida:

      Como bien comentas, son diversos congresos los que están utilizando esta fórmula. A partir de ahora, lo tendré muy en cuenta a la hora de asistir. También has comentado en otro lugar esa otra práctica consistente en no publicar el programa hasta pocas semanas antes de la celebración. A mi juicio, acudir a eventos es necesario; conocer en persona a los compañeros e intercambiar opiniones y momentos con ellos, también. Ahora bien, el objetivo primordial de un evento debería ser el divulgativo: uno va para aprender qué hacen o qué conocen los demás y que uno ignora. Con este «novedoso» sistema, no dudo que haya ponentes que ofrezcan contenidos de calidad; ahora bien, que el filtro sea únicamente económico permite publicar casi —o sin casi— cualquier cosa. Como ya decía antes, a partir de ahora, me lo pensaré mucho antes de acudir a cualquier evento.

      Gracias por tu aportación.

  4. Para mí está muy claro: si el evento cobra a los asistentes, lo _mínimo_ es costear el desplazamiento y alojamiento a los ponentes; mejor aún si se les paga, destinando una o varias cuotas de asistente a cada ponente, porque las horas que supone preparar una ponencia, desplazarse y demás no son cosa baladí.

    Este caso es la falsa zanahoria de «tú paga, que vamos a darte mucha visibilidad». Una tendencia muy fea, si se empieza a imponer.

    • Hola, Ángel:

      Estoy totalmente de acuerdo contigo.
      Sobre tu afirmación «si se empieza a imponer», ya he recibido comentarios privados en los que me llamaban ingenuo. Al parecer, es una práctica habitual en muchas universidades «de prestigio». Si es así, empezaré a plantearme lo del prestigio. Justo estos días publicaba alguien relativamente relevante la genial idea de «ofrecerse a trabajar gratis dos meses» como método para conseguir trabajo. Es exactamente lo mismo. También comentaban varias personas a las que respeto muchísimo que son muchos los investigadores que pagan por publicar en revistas especializadas. Sé que soy un ingenuo pero, ya que estamos, ¿no sería casi más rentable comprar una página de periódico o un anuncio de televisión? La repercusión sería bastante mayor.

      Gracias por tu opinión.
      Saludos.

  5. Me parece una entrada muy interesante ya que no estaba al corriente de esta práctica. No me dedico a dar ponencias y no he recibido esta invitación, pero creo que los organizadores de este evento han adoptado un enfoque totalmente erróneo de lo que debería ser un congreso o unas jornadas especializadas.

    Coincido con lo que han dicho el resto de compañeros y estoy totalmente de acuerdo en que el argumento de “vamos a darte visibilidad” es más que engañoso. El que quiere visibilidad hoy en día la puede conseguir fácilmente en las redes, y sin pagar un duro. Es más, no todos los profesionales quieren ser visibles, ni ser visible es sinónimo de ser bueno.

    Como Aida, si voy a participar a un congreso me miro muy bien el programa, porque realmente es una inversión (inscripción, suele implicar desplazamiento, días “hábiles” de traducción que no traduciré…) y creo que no soy la única, con lo cual esta práctica me parece una forma de engañar al público.

    Un saludo,
    Montserrat

  6. Creo que esto es algo que demuestra lo poco que entiende a los profesionales el mundo académico. Un profesor universitario no se plantea la asistencia a un congreso como un gasto porque las universidades suelen cubrir (o solían hacerlo antes de la crisis) al menos una parte de los gastos. Además, no dejan de ganar dinero por preparar una ponencia, ya que la investigación forma parte de su trabajo y, a la larga, les permite cobrar más. En nuestro caso, acudir a un congreso no solo implica el gasto de inscripción, traslado y alojamiento, sino el tiempo que estás sin trabajar y, por tanto, sin ganar dinero. Pero en la Universidad no son conscientes de lo que supone para un profesional que lo “inviten” a participar en un congreso. Lo de los ponentes de pago no es algo nuevo en la Universidad, aunque es posible que invitar a profesionales sí lo sea. Quién sabe, a lo mejor sirve para “educar” al mundo académico. 😉

    • La Universidad sabe perfectamente lo que hace. Proporcionar una enseñanza de bajo nivel de cara al mundo profesional, para que luego te veas obligado a comprar a precios desorbitados los cursos de posgrado y másteres que imparten esas mismas universidades.
      Un timo y un «negocio» en toda regla. Al igual que cobrar a los ponentes.

      Las universidades españolas tal vez deberían preguntarse por la metodología docente de instituciones educativas como el MIT o la Universidad de Stanford y por qué salen tantos genios de allí y aquí muy pocos o ninguno…

  7. Tras asistir a mi primer coloquio internacional, pregunté a una de las ponentes cuánto se ganaba por ello…para mi gran sorpresa la respuesta fue: ¡Nada! Dos sílabas que mandaron al garete mi espereranza de ganarme un día la vida compartiendo mis grandes conocimientos y experiencias, entre otras. Ese “nada” fue acompañado de una gran carcajada dirijiéndose a sus colegas, evidentemente yo había hecho la pregunta del siglo; Ahí me enteré de que los ponentes siempre pagan una inscripción. Desde entonces, he asistido a bastantes congresos, seminarios, coloquios… y he mirado para presentar artículos científicos en estas manifestaciones científicas y siempre hay una cuota de inscripción, siempre. Es así y no de otra manera. Visto así, hasta me parece muy amable de su parte que os respondieran afablemente para proneros otras soluciones 😉
    Por otro lado el debate profesionales vs mundo académico me parece estéril, no lleva a ninguna parte sino a acentuar la fractura existente. Son dos modos de funcionamiento diferentes que quizás, tenéis razón en vuestros comentarios, habría que empezar a acercar el uno al otro para hacer desaparecer esa fractura y ganar en enriquecimiento de competencias respectivas.
    Un cordial saludo a todos.

  8. Ayer me ha pasado a mi. He sido invitado a participar en un congreso de traducción organizado por una universidad andaluza y como “speaker” tengo que pagar 120 euros (El precio para asistentes es de 80 euros y el especial para estudiantes es de 60 euros). Sinceramente, no entiendo esto. Sin los ponentes no habría congreso y encima tenemos que pagar.

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